Lo más importante de un país es la gente que lo habita. Por tal razón, sus gobernantes y líderes se preocupan por su bienestar y sana convivencia; también, se interesan por redactar y aprobar normas o leyes, encaminadas a proteger el “bien común” que pertenece a todos los ciudadanos.
De acuerdo a esta primera postura, es importante recalcar que el tema del espacio público en su más amplia concepción está cobijado en el concepto de “bien común”; pero en nuestro caso sigue siendo lamentable la poca conciencia sobre el tema, vale la pena dar un recorrido por las avenidas céntricas de la ciudad, la zona bancaria y los sectores residenciales y por toda el área metropolitana; por donde nos metamos la ciudad de Panamá es intransitable para los ciudadanos de a pie, porque no hay aceras para beneficio del peatón y de las personas discapacitadas.
En contraste, observamos a millares de carros que circulan por sus calles, dando la impresión de que esta ciudad está diseñada solo para los vehículos, no para los ciudadanos, y cada vez son más los vehículos y cada vez más la preocupación del Estado por las vías y semáforos, destinando altos presupuestos a la ampliación de avenidas, corredores y cuanto espacio disponible para el objetivo vehicular, con la consecuencia nefasta de su influencia directa en la contaminación ambiental, hecho que amenaza la salud pública, y que no ha levantado mayores alertas en las autoridades sanitarias. Deberíamos pensar en alternativas para diseñar una estrategia que controle y restrinja la circulación masiva de vehículos, sin afectar la movilidad cotidiana. Verbigracia: pensemos en un día sin carro por año.
Esta penosa situación va en contravía del desarrollo que hoy exhibimos mediáticamente a nivel nacional e internacional por televisión, mostrando unas excelentes tomas panorámicas que muestran el desarrollo urbanístico presente y el futuro que ofrece Panamá a grandes capitales que aquí deseeninvertir.
Este contrate abismal entre la realidad y el proyecto de país que se construye debe guardar una armonía entre el poder del capital financiero y el beneficio de los peatones a disfrutar de ciudades más amables con la gente; sintonizadas con la protección del medio ambiente; con grandes avenidas, mejores medios de trasporte, modernas edificaciones; un sistema bancario extraordinario pero, también, con áreas recreativas, parques de diversión y conciertos, museos, bibliotecas para la investigación y promoción de la lectura y las artes. Solo así estaremos cercadel verdadero desarrollo integral de Panamá.
Una pregunta a los urbanistas, ambientalistas, a las escuelas de arquitectura y a nuestros líderes. ¿En qué lugar se encuentra el proyecto de construir una ciudad más humana, hagámoslo cátedra en escuelas y universidades y comprometámonos con un proyecto de defensa colectiva del “bien común”


